Promised Land (“la tierra prometida”)

A propósito de esta canción, brotan estas palabras…

Es la insatisfacción constante y continua la que va erosionando la esperanza en una paz que nunca llega, la que te hace soñar en encontrar algún día, en el futuro, siempre en el futuro, una tierra prometida, un salvador o salvadora, un espacio a cuya frontera se detienen las sombras de la duda, de la búsqueda de otra cosa, del miedo al paso del tiempo.

Quisiera cantar canciones de paz que resonaran en el interior del mundo y que de ahí irradiara a todos los habitantes, y el plantea entero, de plantas a animales, de humanos a seres del otro mundo, se pusieran a bailar, a un ritmo base que pudieran seguir los niños y también los ancianos, que bailaran señores con corbata y jóvenes sin casa, de una raza y de otra, de una religión o no, todos danzando por fin la buena nueva de que ya estamos en la tierra que queríamos, sólo que no nos habíamos dado cuenta.

Promise land is not America, is not Asia…Promise Land is a state of mind

la tierra prometida es un lugar en el que las personas están satisfechas con sus vidas, porque están cumpliendo el propósito para el que vinieron. Atrás quedan todas las búsquedas inútiles de amor por lo que se hace, por hacer algo nuevo solo para ser famoso, o de ser poderoso, o diferente.

Los mártires del amor serán aquellos en los que, en un mundo donde ya no quede corazón, sigan abrazándose de verdad, respirando desde el vientre y sintiendo la energía que los circunda.

La puerta está abierta para quienes estén listos para vivir con entrega y amor, para quien solucione rápido sus conflictos, en un tierra en la que las lágrimas serán sólo de felicidad por haber hallado un lugar en el que descansar.

Espero que estemos preparados para vivir en una tierra en la que asumamos nuestro poder real y nos atrevamos a cantarlo, más allá del ego y del juicio de lo que está bien o está mal.

Ser música, ser canción. Y, en esas, no sentir ya esa soledad producto de una mente de separación, creada como parte del camino pero que necesita ser desechada para poder avanzar.

La tierra prometida es un lugar en el que las personas hacen lo que dicen, dicen lo que piensan y piensan lo que sienten. Un lugar en el que se cumplen las promesas, y cada uno se toma en serio lo que vino a hacer a este mundo, sintonizando con la frecuencia del amor más elevado, que no quiere nada para sí.

Sufrimos en lo cotidiano por no saber lo que queremos, por falta de luz y claridad, por falta de coherencia, por exceso de yo, por falta de perspectiva.

Sufrimos porque no nos alegramos de los logros de los demás, y porque celebramos en soledad los nuestros.

Sufrimos porque nos falta cariño profundo, porque tenemos capas y capas que nos imposibilitan sentir, porque cuando sentimos nos asustamos y salimos corriendo, porque desconfiamos de los seres libres y envidiamos a quienes están conectados, porque argüimos excusas para seguir viviendo en nuestra entrañable infelicidad, sufrimos porque nos sentimos incapaces sabiendo que en el fondo somos pura creatividad, sufrimos porque no conectamos con nuestro poder, porque delegamos las decisiones a los que saben, sufrimos porque no sabemos pensar, porque creemos que sabemos cosas que después se muestran insuficientes, sufrimos porque nos faltan seres queridos, porque echamos de menos a alguien o algo, sufrimos porque convivimos con lo inexistente, porque le damos importancia a lo que otros digan u opinen, porque nuestra imagen se vea deformada, sufrimos por no saber quiénes somos ni qué carajo hacemos. Sufrimos por aburrimiento.

Sufrimos porque la vida nos pone frente a frente con nuestros miedos,la pérdida, las enfermedades, la muerte.

Sufrimos porque somos felices, porque estamos vivos.

Sufrimos por formas limitadas de ver las cosas, sufrimos por ignorancia. Sufrimos porque nos hacemos daño, porque no sabemos simplemente bailar y abrazar, y hacer dibujos o música o escribir poemas. O porque si lo hacemos lo queremos hacer mejor. O si lo hacemos bien, porque queremos ser reconocidos, o ganarnos la vida con ello. Porque si conseguimos eso también, no nos basta eso tampoco y queremos otra cosa. O porque solo somos felices mientras dura, pero no sabemos mantener la semilla de la felicidad, esa muestra de pureza que simplemente nos dice que somos capaces de lograr lo que queremos, y que lo más bello en el mundo es el amor.

Quisiera morir si ello supusiera fundirme en el amor puro que alimenta a otros mundos.

Pueda yo estar conectado con esas otras inteligencias que están por encima de nosotros, que pueda acordarme a diario de que esta dimensión de los cambios en la que vivimos es una escuela de amor, y que el universo entero es la tierra prometida.

Que pueda rectificar mis errores y transformarlos en compasión, en consejo, en escucha.

Que el sufrimiento sea una etapa transitoria en el mundo de los vivos, que nos sirva para aprender y para conectar con el sufrimiento de los demás, pero que nos reconozcamos pronto en lo que verdaderamente somos y ahí termine.

Parafraseando, el amor es energía y, por tanto nunca se termina, solo se transforma. Pero hay que abrir sus compuertas.

La tierra prometida es un lugar de paz, que emana de los corazones de sus habitantes.

Es un estado de conciencia.

La tierra prometida está aquí, en este preciso instante.