Asesoramiento Filosófico

De entrada, esto puede parecer extraño, ya que la imagen que se tiene de la filosofía en la actualidad es la de una disciplina eminentemente teórica que nada tiene que ver con la realidad. Que es, además de estéril, difícil y propiedad de unos pocos: expertos, eruditos, cultos, con conocimientos.

Desde esta óptica el asesoramiento filosófico podría parecer carente de interés y sentido, un mero juego intelectual para discutir ideas, para quien no tiene problemas reales y se puede permitir el lujo de entretenerse en cuestiones teóricas. Un juego elitista para burgueses y “hamburguesados”. O a lo sumo, una actividad exclusiva para un determinado reducto de personas, “las que saben”.

La perspectiva desde la que aquí se aborda esta tarea nada tiene que ver con esto. Parte del supuesto de que la filosofía no es algo ornamental o carente de aplicación, y que puede tener y de hecho tiene mucho impacto en nuestra vida.

Lo queramos o no, todos profesamos una filosofía, todos vivimos, actuamos y sentimos en base a una determinada interpretación de la realidad, aunque sea muy rudimentaria. Todos tenemos una serie de creencias y valores desde los que filtramos la realidad. Todos juzgamos las experiencias, las personas y a nosotros mismos en base a una determinada forma de ver. Esto no es exclusivo de un determinado número de personas.

Siguiendo el espíritu original de la actividad filosófica, como maestra del arte de vivir con excelencia, el asesoramiento filosófico pretende devolver a la filosofía la función que tuvo antaño, como medicina del alma, como guía para el buen vivir.

En el asesoramiento filosófico no importa realmente si el asesor es o no un gran lector, o si sabe de Kant y Hegel, pues lo que se trata es de, a través del método mayéutico -inspirado por Sócrates- ir desvelando la verdadera filosofía de la persona, es decir, su filosofía operativa, que yace en la raíz de todos sus conflictos, limitaciones, sufrimiento, crisis existenciales, etcétera. Si no se atienden a las creencias y juicios limitados, tanto de la realidad como de uno mismo, que se esconden tras una conducta o situación es muy difícil poder transformarlas. Sacarlas a la luz, cuestionarlas, revisarlas, actualizarlas, ampliarlas, es fundamental en nuestro proceso irreversible de crecimiento.

La diferencia entre el asesoramiento filosófico y otras relaciones de ayuda es su enfoque filosófico. No se detiene en el ámbito de lo meramente psicológico, sino que va más profundo, a lo existencial. Por otro lado, tampoco se realiza por el exclusivo interés de la consecución de resultados, sino que es un proceso de indagación y autoconocimiento propios que, como resultado, puede tener, o no, sus resultados terapéuticos (generalmente los tiene, como consecuencia inevitable de la ampliación de la conciencia de sí).

Las cuestiones que se pueden abordar en una sesión de Asesoramiento Filosófico son por ejemplo crisis existenciales, sensación de falta de sentido, problemas relacionales-familiares, de pareja, laborales-, patrones recurrentes, así como interés en iniciar un proceso de autoconocimiento e indagación propios, entre otras cosas.

La linea que se sigue aquí proviene de la filosofía sapiencial de Mónica Cavallé, cuya lectura recomiendo encarecidamente y a quien agradezco enormemente su labor.

Si quieres más información o concertar una primera entrevista gratuita (presencial u online), envía un email a pauandchi@gmail.com y te atenderé sin compromiso.

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