Sobre mi

Pablo Bozzo

Pablo Bozzo González

Licenciado en Filosofía

Diplomado en Logoterapia

Posgrado en Coaching Existencial- Evolutivo

Posgrado en Trabajo Corporal Integrativo

Profesor de Tai Chi y Chi Kung (línea Tew Bunnag)

Terapeuta de Tui Na (Masaje de la Medicina Tradicional China) y Reiki. Masaje Californiano Antiestrés. Reflexología Podal.

Pequeña biografía:

Desde pequeño siempre he tenido inquietudes filosóficas, preguntándome por el sentido de la vida y de la muerte y por quién era yo. Pero no fue hasta los 18 años que me decidí a seguir el camino de la filosofía. Fue a raíz de una crisis existencial. Cursaba por ese entonces el primer año de Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona, una vez acabado el curso entré en lo que en logoterapia se denomina un vacío existencial, sentía que mi vida no tenía sentido, ni rumbo, me sentía perdido y solo, alejado de mi familia por un ancho océano (soy hijo de uruguayos), sentía que debía reorientar el rumbo de mi vida, así que decidí cambiar mi lugar de residencia e ir en busca de mis raíces. Mientras estaba en esa tarea, tuve un sueño que me marcó profundamente. En éste, me despertaba -dentro del sueño- en la cama de un hospital después de haber tenido un accidente de tráfico, con amnesia total. Recuerdo que me miraba las manos sin entender lo que veía, no conocía a las personas que había a mi alrededor -mis padres- estaba asombrado de todo lo que había ante mi, como si nunca antes lo hubiera visto. Con el tiempo descubrí un poema de Alberto Caeiro -Fernando Pessoa- donde en un momento dice “Sé sentir el asombro esencial que siente un niño si de veras reparase en que nacía”, que describe perfectamente la sensación que tuve. Cuando desperté recuerdo que empecé a mirar todo con otra luz. Durante esos días quedé un poco aturdido, pero mi sorpresa fue aun mayor cuando, un día como otro cualquiera, me dirigí a la biblioteca del barrio, abrí al azar un libro de filosofía que suscitó mi curiosidad, y en esa misma página decía que el verdadero filósofo-estudiase o no filosofía- era aquél que se asombraba con la existencia y se preguntaba por las cosas como si las viera por primera vez, como si se hubiera despertado tras un accidente de tráfico y estuviera con total amnesia en la cama de un hospital. En ese momento tomé la determinación de estudiar filosofía, pues ya en ese entonces había dejado de creer en las casualidades. Decidí que no me marcharía, que los problemas y la crisis que sufría las tenía que resolver internamente, de lo contrario estaría tratando de huir de mi mismo.

Supongo que hoy día, en un caso de crisis existencial, acudiría a un terapeuta, pero por aquél entonces no conocía yo mucho de ese mundo, y la filosofía se me aparecía como el único camino posible para resolverla. Cursé los estudios, que disfruté mucho, pero ahí no encontré solución a mis problemáticas internas. La filosofía académica, desde mi punto de vista, se ha perdido en su propio laberinto intelectual y ha dejado de lado la reflexión profunda por el sentido de la vida. Así que paralelamente, fui buscando por otros senderos tratando de hallar un poco de paz interior. Primero fue a través de la filosofía oriental, probé con el yoga, pero fue más a través del tai chi que empecé a sentirme más cómodo conmigo mismo. A partir de ahí, una cosa ha ido llevando a otra, del tai chi al chi kung, de ahí al reiki y al masaje, y como siempre estuve interesado por el deporte y temas corporales -futbol, artes marciales- también decidí cursar el posgrado en Trabajo Corporal Integrativo -que viene a ser un acercamiento a la terapia gestalt a través de lo corporal-. Con un mismo espíritu de búsqueda, he ido realizando a lo largo de los últimos años cursos de diversa índole y duración, tratando de hallar formas de expresión desde el arte (arteterapia, música, teatro, mimo, danza, escritura creativa) y de sentido desde el mundo de la terapia y la espiritualidad (Coaching, Constelaciones Familiares, Meditación Budista, OSHO, Vipassana, Bioenergética Taoista , Tantra, Sistema de Centros de Energía, Método Feldenkrais, técnica Alexander, Aikido, etc). Por otro lado, tratando de aprender de la vida misma viajando por India, China, Marruecos, Tunez, Grecia, Uruguay, Argentina, México, etc).

Y cuando ya estaba bastante alejado del mundo de la filosofía académica, un amigo me habló de Mónica Cavallé y su libro La Sabiduría Recobrada, que me volvió a conectar con la filosofía tal y como yo la había sentido desde un principio, es decir, como un arte de vida, que ayuda a vivir con sentido y no está desligada de lo cotidiano. Así, me he sumado, a mi manera, al cauce de esa corriente de la filosofía que, en la actualidad, está rescatando la sabiduría de la filosofia perenne para ponerla al servicio de las personas, a través del asesoramiento y los grupos de diálogos filosóficos.

Y digo a mi manera porque lo que trato de hacer en mi trabajo -uno tiene que compartir lo que va aprendiendo, si es que de verdad tiene algo de calor en su corazón- es ofrecer lo que a mi me ha servido, lo que me ha llegado, lo que he integrado. Y, en este sentido, mi experiencia me ha demostrado, por ejemplo, que la filosofía tiene que ir acompañada de algo más que del simple ejercicio intelectual, pues también tenemos una dimensión corporal, emocional, energética y hasta espiritual, y la tarea es poder ir integrando los diferentes aspectos, no disociarlos, si es que de verdad queremos que nos sirva para vivir con mayor coherencia, sentido y plenitud.

Actualmente siento mucha afinidad con la Logoterapia, que es una terapéutica basada en el sentido, creada por el Dr. Viktor Frankl, sobreviviente a cuatro campos de concentración durante la segunda guerra mundial y cuyo mensaje y ejemplo de vida muestran lo que para mi es la esencia de la filosofía. Para quien no lo conozca, recomiendo su libro “El hombre en busca de Sentido”.

Poco a poco voy dándome cuenta que la búsqueda interior que me ha movido los últimos quince años ha sido -y sigue siendo- hermosa, que vale la pena toda la inversión realizada a nivel energético, físico, emocional  y económico, pero a la vez quizá también haya sido un modo sutil de huir, un modo de no estar en contacto conmigo. Ya estamos con nosotros mismos, aquí y ahora. Como dicen en la filosofía advaita, no hay nada que tengas que buscar, pues ya todo Es.

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